domingo, 9 de octubre de 2016







[Fragmento de la presentación del libro Intervenciones en la Feria del libro, Puerto lectura,  Mar del Plata, 8 de octubre de 2016]. 12



[…………..El libro se llama Intervenciones pero podríamos haberle asignado otro título, como por ejemplo “La literatura o la cultura argentina en tiempos del whatssapp”. Como todos sabemos, el contexto actual muestra la irrupción de las nuevas tecnologías que modifican sustancialmente algunas pautas culturales y, a la vez, dan cuenta de otras formas de percibir y mirar el mundo. Muchas veces, nos hemos despertado, encogidos, con una imagen previa al fin; y ese mundo, en el ensueño o en la pesadilla, se nos aparece condenado a la devastación o al desamparo cultural; como si habitáramos una casa o un mundo sin bibliotecas ni libros en papel. Sin embargo, más allá de los temores que persisten al despertar, el acto de lectura persiste, casi sin darnos cuenta. Leeremos de otro modo, digitalmente, de a ratos, y secuencialmente; saltando palabras y haciendo conexiones imprevistas, quizás menos intensamente que antes, agotados por la irradiación catódica de los formatos digitales ante una pantalla de 6 o 10 pulgadas y en una resolución no inferior de los 880 X 600 pixeles. Pero esas señales visibles del futuro en nuestro presente todavía caminan a hurtadillas con las huellas de un pasado que no termina de dormir; como si al recorrerlas no pudiéramos sacarnos todavía el polvillo que persiste como un viejo sueño nocturno.
Acosados por la ultra-modernidad y viciados de nuestro insistente y neurótico uso de ciertos dispositivos tecnológicos, muchas veces, solemos pensar el arte y las escrituras actuales como inscripciones novedosas sobre una tierra yerta; alejadas de cualquier tradición o herencia cultural y por fuera de cualquier experiencia histórica. Más allá que nuestra época esté marcada por la proliferación de imágenes y textos y con un protagonismo inusual de los nuevos medios electrónicos, las prácticas de lectura y escritura están lejos de desaparecer; muy por el contrario, integran las nuevas plataformas mediáticas transformándose y redefiniéndose constantemente. Leemos los portales de los diarios por Internet, la publicidad de un antiguo velón herbario y los prodigios de los nuevos narcóticos medicinales en los márgenes de nuestros mensajes de correo, así como miramos de reojo las disfrazadas imágenes en primer plano (a veces con inusual sensualidad) de las historias egotistas de Facebook; o contestamos furtivamente los instantáneos chats, mientras respondemos a nuestros hijos por WhatsApp, para muy pronto, después recoger nuestra carpeta de apuntes o guardar nuestra netbook en un bolso, salimos a dar una clase de Literatura en una Escuela Media o en la Facultad donde trabajamos. La larga  historia de más de seis mil años de eso que solemos llama lectura sigue estando en el centro de la escena actual pero ha cambiado radicalmente su forma. El auge digital de los nuevos formatos asociados a las nuevas tecnologías de comunicación y de distribución de la información no deja de suscitar recelos como en su momento lo produjo la invención de la imprenta.
¿Qué es lo que hoy seguimos leyendo y se publica en forma de libro? ¿Qué es lo que se conserva en forma de resto aun cuando hace tiempo hemos asumido la extinción de su propia especificidad? Acosados por la hiperinformación –desordenada y caótica- y viciados por el uso de nuestros actuales dispositivos tecnológicos, solemos pensar las escrituras actuales como inscripciones fugaces sobre un territorio yerto y desolado. A menudo, medimos las zonas de devastación y olvido de nuestra cultura y solemos ocultar las semejanzas y los parecidos; metabolizando la proliferación de imágenes e inscripciones como si fueran los antiguos sedimentos de un mapa olvidado. Entre la materia que articula y el espacio que construye, la experiencia literaria parece tierra movediza, arena precaria, mientras se deshace esculpida por el tiempo.
Si se quiere, como lectores anacrónicos recogemos las migajas y los restos de un convite literario esparcido sobre papeles que parecen demorar su definitiva extinción. Figuras inactuales de una cultura libresca en pleno proceso de disolución, observamos las analogías y las transposiciones de sentido, enhebramos los cruces y las secuencias posibles. Ya sea como un cuerpo desgarrado o ausente de la historia nacional; como una historia de vida y de estilos; como una presencia libre y sin ataduras que se irradia en la lectura o como una re-figuración, mediada por la tecnología, de los afectos y de los cuerpos, estas notas críticas siguen  interrogando por la experiencia de una literatura (de sus textos y sus experimentos). Especulaciones críticas y lecturas tenaces que parecen seguir afirmando, en nuestra época de comunicaciones fulminantes y repentinas, la presencia de la literatura argentina como un modo singularísimo de interpelación social y de experiencia crítica del mundo. 
Decía que podríamos haberle dado otro título al libro. Pero preferimos, finalmente,  Intervenciones, en el sentido que proviene de las artes plásticas. Se trata de un libro coral que es en algún sentido una toma de posición y una acción sobre un grupo de textos literarios previos. Es decir, leímos lentamente textos de la cultura argentina y entablamos series en el intervalo de marchas y contramarchas, entre salidas y entradas para dejar de ser lectores, darnos de baja e irnos a escribir. O si prefieren, mientras leíamos en los des-tiempos escribíamos.
“El arte, la experiencia y la vida, ¿son posibles hoy?, ¿en qué condiciones? El libro que ha editado la dupla Berg-Fernández toma la literatura y la cultura argentinas contemporáneas para intentar responder esa pregunta en un recorrido que va desde Piglia y su lectura del Quijote y el Che Guevara como santidades peculiares, Aira y su máquina duchampiana de triturar sentidos, la cópula de peronismo y gauchesca en sus reescrituras contemporáneas, pasando por los interrogantes que plantean las nuevas tecnologías en algunos de los últimos autores hasta los movimientos de Pauls y las caminatas de Chejfec”, leemos en la contratapa del libro escrita por Gabriela Cabezón Cámara. Sintética y aguda reflexión que da cuenta de las razones y de los motivos del libro Intervenciones, como si se tratara de una entonación continua y perseverante con sus cadencias, modulaciones y ritmos particulares. Podría afirmar, sin sobresaltos, que los autores de este libro todavía apostamos en el decurso de nuestro tiempo al poder de la literatura. O mejor, como hubiera dicho, hace casi un siglo, un joven escritor de delgadísimos textos, nos sumergimos con innegable pasión a las signaturas monetarias de todos sus billetes: a la millonaria inversión de sus vocablos y estilos, a la infinita circulación donde progresa la abundancia y el derroche……].


Edgardo H. Berg



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